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Por una agenda multipartidaria en Puebla

Por Carlos Figueroa Ibarra

 

El gobierno de Barbosa tendrá como cometido desmantelar lo que él ha llamado “el poder oscuro”

El jueves 13 de junio el Instituto Nacional Electoral (INE) le entregó a Luis Miguel Barbosa la constancia de mayoría. Desde ese día y desde la investidura de gobernador electo deberá empezar a tomar medidas que empiecen a configurar lo que será su gobierno. El gobierno de Barbosa tendrá como cometido desmantelar lo que él ha llamado “el poder oscuro” que se construyó en Puebla durante los últimos años. La dominación política construida por Rafael Moreno Valle implicó la construcción de un autoritarismo regional muy parecido al avilacamachismo erigido en el siglo pasado. Por tanto, un nuevo régimen para Puebla implicaría construirlo sobre algunos principios de la democracia liberal y representativa: en una democracia nadie gana para siempre ni pierde para siempre, en una democracia nadie gana todo ni pierde todo, en una democracia la mayoría y la minoría tienen deberes y derechos. En suma, en una democracia el que gana debe dialogar y asimilar los planteamientos de los que pierden.

En la visita que el ahora gobernador electo hizo a la sede de Morena en Puebla, anunció que había encomendado el diálogo con los partidos políticos que no lo habían apoyado. En mi opinión, de este diálogo debe surgir lo que podríamos llamar una agenda multipartidaria para la entidad. Morena será el partido del gobierno, aunque por supuesto no todos sus integrantes serán de Morena. Y como el gobierno es distinto al Estado, todos los partidos -incluidos los de la oposición- participarán en el mismo en tanto que no se producirá el antiguo régimen del partido de Estado. Esto implica que debería ser posible construir una agenda que sea el punto de intersección, el área común en la cual deberían converger todos los partidos independientemente de que cada uno de ellos tenga sus propios principios doctrinarios y programáticos.  La coincidencia en esta agenda común, no implicaría que cada uno de los partidos renunciara a su independencia y a su derecho a competir para algún día triunfar en futuros procesos electorales.

Un primer acercamiento me ha permitido empezar a visualizar algunos de los temas que deberían estar en la agenda multipartidaria. He podido advertir que un punto prioritario de convergencia es el de afrontar la inseguridad pública que hoy vive la entidad. Hay otra gran coincidencia multipartidaria cual es la lucha contra la corrupción. Otros temas tienen que ver con las medidas que se tendrían que tomar para construir una democracia republicana. Así las cosas, un tercer asunto es la neutralidad del Estado y del gobierno de turno en torno a los procesos electorales. Un cuarto punto es la no ingerencia por parte del gobierno con respecto a la vida interna de los distintos partidos políticos. Un quinto aspecto es la creación de condiciones para que los medios de comunicación tengan un rol informativo objetivo e imparcial.  Una sexta cuestión es que la división de poderes se haga realidad y esto incluye un congreso local deliberativo y autónomo que no actúe como la obsecuente extensión del gobernador. Finalmente, el respeto irrestricto a los derechos humanos que implica entre otras cosas la no criminalización de la protesta social y la erradicación de la represión a través de la judicialización.

He aquí algunos de los asuntos que tendrían que tratarse a efecto de iniciar una nueva etapa en la vida política de la entidad. Todos ellos también forman parte de la agenda nacional para democratizar al país. Pero en Puebla son doblemente significativos, porque estaremos contribuyendo al cambio de régimen en el país y al mismo tiempo desmantelando al morenovallismo en la entidad.

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