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La sospecha recae en AMLO y Barbosa.

Tras la muerte de Martha Erika Alonso, Rafael Moreno Valle, dos pilotos, y un tripulante más del helicóptero “Agusta”.

 

Por Oscar Garza Bello

 

Cuando alguien muere y se considera que pudo haber sido un asesinato, los sospechosos se definen contestando estas 3 preguntas:

  1. ¿Quién tiene un motivo?
  2. ¿Quién tiene los medios?
  3. ¿Quién tuvo la oportunidad?

Quizá esto fue realmente un accidente, pero hay un dicho que afirma que en política no existen las casualidades. Y si respondemos a las tres anteriores preguntas, no se puede evitar poner en la lista de sospechosos a AMLO y a Barbosa.

AMLO es sospechoso porque ha sido un sembrador de odio. Llegó a la presidencia siguiendo el viejo adagio: divide y conquistarás. Y así lo hizo, provocó una división y polarización de los mexicanos sin precedentes, y nos enfrentó entre MORENA y la mafia del poder del PRIANRD, entre “solovinos” y “fifís”, entre ricos y pobres.

Sin embargo, dentro de su estrategia, AMLO se le olvidó leer a Maquiavelo, quien afirmaba que, según la experiencia histórica, el príncipe debe procurar ser amado y temido, pero que, si se ve forzado a escoger, como el ser amado no depende de él sino de los súbditos, debe elegir ser temido, PERO NO ODIADO.

Por su afán de enfrentar a la sociedad mexicana en polos opuestos, AMLO es amado por sus “solovinos” o “chairos”, y es odiado por los que él llama “fifís”. El odio que ha sembrado el PEJE le cobra factura y es lo que hace a los fifís, verlo como sospechoso de homicidio en el caso del helicóptero desplomado, que cobró la vida de la gobernadora de Puebla y su esposo, con quienes tuvo fuertes enfrentamientos electorales.

Por la misma razón del enfrentamiento electoral, Barbosa, el candidato perdedor a la gubernatura de Puebla, es otro posible y fuerte sospechoso, pues esta muerte “oportuna”, le permitirá volver a competir por la gubernatura de Puebla, en las elecciones extraordinarias que habrán de realizarse en unos meses en ese estado. Fue público y notorio cómo el perdedor Barbosa, hizo berrinches que rayaron en lo absurdo y lo ridículo, buscando anular la elección, y cerrando filas con MORENA, sus alcaldes, y hasta el mismo AMLO, para boicotear el gobierno de su enemiga, Martha Érika Alonso. Ahora podrá volver a intentar ser gobernador.

Si este no fue un accidente sino un homicidio premeditado por ambos o alguno de los citados sospechosos, calcularon muy mal. De inmediato se les mira a ambos como los posibles responsables, y una mayoría de los fifís, ya los juzgó y los encontró culpables. AMLO sembró odio y rencores, y hoy cosecha sospechas y acusaciones.

Accidente o no, AMLO no podrá evitar que, en la mayoría de sus actos públicos, haya personas que le griten: ¡ASESINO! El cobijo de sus “solovinos” no podrá salvarlo del escarnio público. Y esto puede ser el comienzo del fin de su presidencia e incluso afectar su ya precaria salud.

La presión sobre AMLO puede llegar a ser tan grande, que incluso si se trató de un accidente, quizá para librarse tenga que fabricar un culpable y entregarlo como chivo expiatorio.  Y el mejor candidato para ser inmolado en el altar de la opinión pública, es Barbosa. Démosle tiempo al tiempo.

SOBRE EL AUTOR: Oscar Garza Bello es economista, consultor de negocios, financiero y fiscalista. Graduado Licenciado en Economía por el ITESM, Master en Administración Pública por la Universidad de Harvard, y Master en Administración de Negocios por la Escuela Kellogg de la Universidad Northwestern. Se ha desempeñado profesionalmente en los sectores privado, no lucrativo, la academia, y los 3 niveles de gobierno.

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