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Millones de mexicanos llevan a su Niño Dios a bendecir a los templos

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*La Fiesta de la Candelaria con gran arraigo en nuestro pueblo.

Diario Sin Secretos /Angy Bravo

El frío no ha sido  obstáculo para que desde temprana hora de este 2 de febrero, millones de familias acuden a Iglesias para presentar al Niño Dios, un tradición católica y de los mexicanos muy arraigada, y en la cual se acostumbra en los hogares degustar los tradicionales tamales, café, o bien atole o champurrado.

El Niño Dios, debidamente vestido con su ropón, es llevado en una una canasta debidamente arreglada -por lo general de mimbre, – adornada con  flores y veladoras – y lo bendicen con agua bendita y posteriormente la imagen es llevada al hogar donde se coloca en un lugar especial para adorarle durante al año, y pedirle favores.

La Fiesta de la Candelaria o las candelas, o también de la luz – por ser la luz de Cristo, el hijo de Dios- se recuerda cuando María -su Madre- y José -Su padre adoptivo- lo llevaron al templo para presentarlo al Creador,  en cumplimiento a la Ley de Moisés.

Y para entender esta gran fiesta católica de la Candelaria hay que referirse a los pasajes bíblicos: 1)  La Purificación de la Virgen María; y 2) la Presentación del Niño Jesús al templo.

La fiesta se celebra el 2 de febrero de cada año, cuarenta días después de la celebración de la Navidad. 

De acuerdo a la ley mosaica, una madre que había dado a luz a un hijo varón era considerada impura por siete días; además debía permanecer treinta y tres días «en purificación de su sangre»; pero si daba a luz a una niña, se duplicaba el tiempo que excluía a la madre del santuario. 

1) Al cumplirse el tiempo de su purificación (cuarenta u ochenta días) la madre debía traer al Templo un cordero para el holocausto y un pichón de paloma o una tórtola por el pecado«; si no era capaz de ofrecer un cordero, podía presentar dos tórtolas o dos pichones; el sacerdote oraba por ella y entonces quedaba limpia. (Levítico 12,2-8).

2) El evangelista Lucas (Lc. 2,22-40), cita que Simeón hombre piadoso y justo- , guiado por el Espíritu Santo, tomó al niño en sus brazos, diciendo:  y “Ahora, Señor, según Tu promesa, puedes dejar a Tu siervo irse en paz, porque mis ojos han visto a Tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos; Luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo, Israel”.

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