Opinión
“Sicarios digitales” lanzan balas de desinformación
Sin Secretos / Angélica García Muñoz
La guerra sucia mutó. Ya no necesita mítines, volantes ni rumores de pasillo; hoy basta una pantalla para lanzar balas de desinformación. Así operan los “sicarios digitales”, que hacen de la calumnia, la polarización y la mentira su principal arma política.
Con el proceso electoral en el horizonte, su objetivo no es convencer al ciudadano con resultados, sino desgastar al adversario y manipular la conversación pública. Su táctica es inflar artificialmente las redes con granjas de bots y datos engañosos, apostando a que una falsedad repetida miles de veces encuentre terreno fértil en la indignación social.
El fin es claro y perverso: la oposición ha orquestado una campaña nacional de desprestigio para golpear a los gobernadores de Morena, intentando ligarlos de forma vil y sin escrúpulos con el crimen organizado para sembrar la falsa narrativa de la «narcopolítica». En Puebla, el blanco de ataque es el gobernador Alejandro Armenta.
Intentan desestabilizar con el burdo rumor sobre la supuesta cancelación de su visa; una afirmación sin sustento soltada en la red para obligar a la autoridad que saliera a desmentirla. El mecanismo es retorcido: acusan sin pruebas y trasladan al difamado la responsabilidad de defenderse. Hoy, buscan enlodarlo en esta campaña nacional de «narcopolítica».
Sin embargo, el golpeteo topó con pared. En su conferencia mañanera, el gobernador Armenta desarmó la infamia con un mensaje frontal, y aseguró que su corazón está tranquilo y que todos sus esfuerzos se mantienen enfocados, única y exclusivamente, en servir a los poblanos.
Como bien advirtió el coordinador de Gabinete, José Luis García Parra, “estamos frente a una campaña sistemática de la derecha, articulada a través de bots, influencers y medios aliados para golpear a los gobiernos de la transformación”.
¿Quién financia a éstos sicarios digitales? ¿De dónde salen los recursos para alimentar esta maquinaria de lodo?
Esta práctica deshonesta e inmoral envenena a la sociedad. Se busca el voto difundiendo mentiras y descalificando al oponente, tratando al electorado con bajeza, como si los ciudadanos no tuvieran el derecho fundamental a escuchar la verdad para decidir libremente en las urnas. La guerra sucia envicia el debate porque premia el escándalo sobre la propuesta, y lo envilece porque convierte la política en un ejercicio permanente de destrucción.
En una democracia, la crítica, la oposición y la rendición de cuentas son indispensables. Pero fabricar mentiras y manipular la conversación pública no es libertad de expresión, es el secuestro de la política.
Cuando la mentira sustituye al debate y la calumnia reemplaza a las ideas, no gana un partido ni pierde otro: pierde la democracia.
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