Una denuncia por presunta extorsión, persecución y detonación de arma de fuego pone bajo la lupa los controles de seguridad del municipio. Un ciudadano que circula por una de las vialidades más importantes de Puebla termina escapando de una patrulla para ponerse a salvo.
La Secretaría de Seguridad Pública y Protección Ciudadana confirmó que la Coordinación de Asuntos Internos ya abrió expediente y los afectados identificaron la patrulla oficial T-270.
El control de confianza de los policías anandreseños no está funcionando. Si un elemento con uniforme puede detener ciudadanos, exigir dinero, sacar un arma, perseguirlos y dañar un vehículo, entonces ese filtro es un trámite vacío. La selección, la capacitación y la supervisión fallan de manera grave: permiten que personas con autoridad se conviertan en amenaza. No basta con decir que existen protocolos; si no impiden estos actos, son papel mojado.
Los denunciantes se refugiaron en una gasolinera de la Vía Atlixcáyotl, frente al Centro Cultural Universitario de la BUAP, y pidieron apoyo al 911. Esa vialidad y el Bulevar del Niño Poblano deberían generar seguridad, no terror. Un policía debe proteger; jamás obligar a una familia a huir.
Ahora la prueba es concreta: el expediente no puede ser un trámite para apagar el escándalo. Debe revisar videos, testimonios, registros de la T-270, armamento y la conducta de cada elemento.
Si se acreditan abusos, que se retire a los responsables de las calles y se les aplique la ley sin protección institucional. San Andrés Cholula necesita policías que protejan a los ciudadanos, no ciudadanos que deban protegerse de sus policías. El uniforme no es escudo contra la justicia.
