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Pide Víctor Sánchez “orar de corazón por nuestros difuntos”.

Monseñor Víctor presidió la ceremonia litúrgica de la Solemnidad de Todos los Santos en Puebla, destacando el llamado a la santidad y la guía espiritual.

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*Entre la esperanza de la santidad y el recuerdo de quienes partieron: Puebla celebra a Todos los Santos y a los Fieles Difuntos

Diario Sin Secretos / Angélica García Muñoz

 

En la festividad de Todos Santos y Fieles Difuntos, el arzobispo emérito Víctor Sánchez Espinosa, pidió “orar con el corazón por nuestros difuntos”.

Destacó que “de nada sirve ir al panteón a limpiar las tumbas, poner flores y rociarlas con agua bendita, si no existe esa fraternidad de orar por su descanso eterno”.

Monseñor Víctor Sánchez, oró por el descanso eterno de todos los difuntos que han transformado nuestras vidas con la convivencia diaria.

El también administrador apostólico de la Arquidiócesis de Puebla, llamó a los fieles a mantener viva la esperanza en la vida eterna, recordar a sus seres queridos fallecidos y comprender que todos los bautizados están llamados a alcanzar la santidad.

En una celebración marcada por la fe, el recuerdo y la esperanza, el prelado llamó a los poblanos a mirar más allá de la muerte y renovar su confianza en la promesa de la Resurrección.

 Durante su homilía, Monseñor Víctor Sánchez Espinosa, destacó que la santidad no es un privilegio reservado a unos cuantos, sino la vocación a la que están llamados todos los bautizados.

Al reflexionar sobre el pasaje del Apocalipsis, que describe a una multitud de hombres y mujeres de todos los pueblos, razas y naciones que han superado la gran tribulación y han lavado sus vestiduras con la sangre del Cordero, el prelado recordó que la Iglesia celebra hoy a quienes ya gozan de la presencia de Dios. Y mañana 2 de Noviembre  se celebra a los fieles difuntos, en donde, expresó, que todos esperamos que en el cielo se encuentren también nuestros seres queridos: padres, esposos, hijos, familiares y amigos que han partido de este mundo y si no pediremos que pronto estén gozando de la presencia de Dios.

“Un día formaremos parte de la Iglesia celestial, y junto con los ángeles, arcángeles, apóstoles, mártires y todos los santos, cantaremos eternamente las alabanzas del Señor”, expresó y subrayó que esa es la esperanza que sostiene la fe de los creyentes ante la separación física de quienes aman.

Sánchez Espinosa explicó que, aunque únicamente Dios es santo, perfecto y sabio, los seres humanos están llamados a participar de su santidad. Esta vocación comienza desde el bautismo y se construye a través de la vida cotidiana, el arrepentimiento, el perdón y el amor al prójimo.

 No se trata, dijo, de aspirar a aparecer en los calendarios litúrgicos o recibir una devoción particular, sino de alcanzar la vida eterna y formar parte de la Iglesia del cielo.

En ese camino, recordó las Bienaventuranzas proclamadas por Jesucristo: dichosos los pobres de espíritu, los misericordiosos, los limpios de corazón, quienes trabajan por la paz y aquellos que padecen persecución por causa de la justicia. “Son, señaló, las actitudes con las que los cristianos deben vivir y presentarse ante Dios cuando llegue el momento de su encuentro definitivo con Él”.

El administrador apostólico  destacó la importancia de la conmemoración de los Fieles Difuntos, que la Iglesia celebra cada 2 de noviembre, y explicó que esta tradición cristiana tiene raíces muy antiguas. Después de celebrar a quienes han alcanzado la gloria celestial, los católicos dedican una jornada especial a orar por todos los que han muerto con la esperanza de la Resurrección, confiando en la misericordia divina.

En este contexto, invitó a los asistentes a colocar espiritualmente en el altar a sus familiares y amigos fallecidos, haciendo de la celebración eucarística una ofrenda por sus almas. 

Recordó que todos los sacerdotes tienen la obligación de celebrar tres misas el 2 de noviembre para orar por los difuntos, una tradición que refleja la importancia que la Iglesia concede a quienes han dejado este mundo.

Los Fieles están volviendo a enterrar a sus muertos en criptas y capillas, para que estén sus restos en lugares sagrados, dijo al prelado al evocar la historia de las prácticas funerarias cristianas, desde las catacumbas de los primeros siglos, que además de servir como lugares de sepultura fueron espacios de celebración, hasta los antiguos camposantos en los atrios de las iglesias, los panteones y las actuales criptas en los templos. Estas expresiones, explicó, reflejan el deseo de mantener a los seres queridos cerca de los espacios sagrados y de encomendar su destino a Dios.

Finalmente, Víctor Sánchez Espinosa invitó a vivir estas dos solemnidades como celebraciones profundamente unidas por la fe: una dedicada a quienes ya contemplan a Dios y otra a quienes esperan alcanzar su presencia. Pidió al Señor conceder a todos los fieles la gracia de proclamar su fe en la resurrección de Jesucristo y otorgar a sus seres queridos difuntos el Reino de los Cielos.

Así, entre altares, fotografías, flores y oraciones, la tradición de Todos Santos y Fieles Difuntos adquiere su significado más profundo: recordar a quienes ya no están físicamente, agradecer lo que dejaron en nuestras vidas y mantener viva la esperanza de que la muerte no representa el final, sino la promesa de un encuentro eterno con Dios.

 

 

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