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18Años diciendo lo que otros callan

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Una gran fiesta de fe y comunión: la celebración de Todos los Santos y los Mártires

Monseñor Víctor presidió la ceremonia litúrgica de la Solemnidad de Todos los Santos en Puebla, destacando el llamado a la santidad y la guía espiritual.

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La festividad de Todos los Santos y de los Mártires se consolida como una celebración profunda y significativa para las comunidades y parroquias. Esta fecha especial conmemora primordialmente la santidad de Dios, así como la santidad de la Iglesia y de cada comunidad religiosa.

Durante la conmemoración, se destaca que, más allá de los santos efigiados en los altares o aquellos a quienes se les enciende una veladora, existe una multitud incontable de hombres y mujeres anónimos que ya se encuentran disfrutando de la gloria celestial.

Esta realidad encuentra su reflejo en la visión apocalíptica descrita por San Juan, quien contempló a una muchedumbre tan inmensa que nadie podía contarla, integrada por personas de todas las naciones, razas, pueblos y lenguas.

En dicha visión, estos fieles estaban de pie ante el trono y el cordero, vestidos con túnicas blancas y portando palmas, reconociendo que la salvación proviene de Dios y superando la gran tribulación.

Esta es la fe central de la Iglesia y el fundamento de la esperanza de que nuestros seres queridos fallecidos —padres, madres, esposos, hijos y amigos— formen parte de esa misma comunidad celestial.

El camino hacia esta santidad está guiado por el inmenso amor del Padre al llamarnos hijos suyos, tal como enseña San Juan, y por el firme compromiso cotidiano de vivir las bienaventuranzas y practicar la misericordia.

Como natural prolongación de esta solemnidad, la Iglesia dedica el día siguiente a los fieles difuntos, una tradición antiquísima que se remonta a las catacumbas y que compromete a sacerdotes y feligreses a ofrecer oraciones y misas por todos los hermanos que partieron con la esperanza de la resurrección.

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