Por: Angy Bravo
Diariosinsecretos.com
Hay futbolistas que se despiden dejando trofeos. Otros, estadísticas. Guillermo «Memo» Ochoa deja algo más difícil de medir: una época.
Con su retiro del futbol profesional se cierra uno de los capítulos más largos y representativos de la Selección Mexicana. Durante más de dos décadas fue protagonista de un deporte que cambia de héroes con rapidez, pero que encontró en el arquero del cabello rizado una constante. Mientras entrenadores, directivos y generaciones enteras iban y venían, él seguía bajo los tres postes.
Su historia nunca fue sencilla. Desde sus primeros años en el América cargó con el peso de las comparaciones y las críticas. Para algunos siempre fue espectacular, para otros demasiado mediático. Sin embargo, cada cuatro años, cuando el escenario era una Copa del Mundo, Ochoa terminaba respondiendo donde más importa: en la cancha.
Nadie puede olvidar aquella tarde en Fortaleza, en el Mundial de Brasil 2014. Frente al anfitrión, Memo convirtió la portería mexicana en una muralla. Sus atajadas ante Neymar y compañía no solo le dieron la vuelta al mundo; también lo colocaron en el selecto grupo de los grandes porteros de la historia de los Mundiales. Rusia 2018 volvió a confirmarlo frente a Alemania. Las críticas desaparecían cada vez que aparecía un uniforme verde y un himno nacional.
Paradójicamente, el reconocimiento internacional muchas veces fue mayor que el nacional. Mientras en Europa se valoraba su capacidad para aparecer en los momentos decisivos, en México nunca dejó de ser tema de debate. Así es el futbol mexicano: exige héroes, pero rara vez les concede unanimidad.
Su carrera también rompió paradigmas. En una época en la que pocos futbolistas mexicanos emigraban, Ochoa apostó por Europa. Francia, España, Bélgica, Italia, Portugal y Chipre fueron parte de un recorrido que, con altibajos, demostró que un portero mexicano podía competir fuera de casa durante muchos años.
Hoy, con su despedida, no solo se retira un guardameta. Se marcha el último gran referente de aquella generación que ilusionó al país en distintos Mundiales. Su salida deja una pregunta inevitable: ¿quién ocupará ese lugar cuando México necesite un líder bajo los tres postes?
Las nuevas generaciones tendrán la responsabilidad de escribir su propia historia. Pero el parámetro quedó muy alto. Porque, más allá de los títulos o los clubes, Memo Ochoa enseñó que la permanencia también es una forma de grandeza. Resistió cambios, cuestionamientos y fracasos colectivos sin renunciar nunca a la portería nacional.
Los futbolistas se retiran dos veces: cuando dejan de jugar y cuando dejan de ser recordados. La primera ya ocurrió. La segunda, probablemente, tardará muchos años en llegar.