Saltar al contenido
Diario sin Secretos Red de Noticias
DSS
Diario sin Secretos Puebla · 01 Sep 2026
Inicio Mi diario Directorio

Explorar secciones

  • Inicio
  • Estado
    • BUAP
    • Puebla Capital
    • Congreso
    • Granjas Carrol
    • ARMENTA
    • Nota Roja
  • Municipios
    • Sn Andrés Cholula
    • Sn Pedro Cholula
    • Cuautlancingo
    • Atlixco
  • Nacional
  • Religión
  • Deportes
  • Opinión
    • En Pocas Palabras
    • Enfoque Nacional
    • Ensalada Política
    • Filosofando
    • La señal
    • Libre Expresión
    • Pienso luego Existo
    • Reflexiones
    • Sin Límites
    • Sin Secretos | Angélica García
Videos
YouTube TikTok
Transparencia
Directorio Quiénes somos Política editorial Política de correcciones Propiedad y transparencia Publicidad y contenido patrocinado Contacto
18años de periodismo
Publicidad Publicidad Publicidad
Publicidad
Publicidad Publicidad
Diario sin Secretos
Diario sin Secretos Red de periodistas 100% escrito por humanos
Inicio Mi diario Colaboradores Columnistas Categorías
Redes Sociales

Más leídas

  1. 1Las jornadas «Tejiendo Paz», fomentan deporte, salud y bienestar
  2. 2Bolsa de 2 mil MDP para obra comunitaria en Puebla en 2027
  3. 3Eficiencia financiera permite más obras en Puebla: Armenta
  4. 4Corresponde a Mujer la Alcaldía de Puebla
  5. 5Chile en nogada lleva la identidad de México al mundo con estampillas postales

Derechos reservados 2026

Web Master

Publicidad Publicidad
Diario sin Secretos
18 años de periodismo
Inicio Mi diario 11 de Oct. 2025

¡Hot!

El arte de la seducción victoriana
Ofrecen 300 mil pesos por feminicida prófugo en Querétaro Ofrecen 300 mil pesos por feminicida prófugo en Querétaro
El arte de la seducción victoriana
Publicidad Publicidad Publicidad
Publicidad
Publicidad Publicidad
¡Nuevo! Inicio ¡Nuevo! Estado Universidad ¡Nuevo! Municipios Nacional Religión Deportes ¡Nuevo! Opinión ¡Hot! ¡Increíble! ¡Nuevo! Portada Último minuto

¡Hot!

El arte de la seducción victoriana

←
Adela Ramírez
Adela RamírezColumnista · 11 de Oct. 2025
El arte de la seducción victoriana

Pienso luego existo / Adela Ramírez En el siglo XIX, el amor no se gritaba: se insinuaba. Cada gesto tenía una gramática precisa, cada mirada, una coreografía. La seducción victoriana fue un arte lleno de códigos, una danza entre el deber y el deseo. Si hoy bastan tres mensajes para concretar una cita, en aquella […]

Pienso luego existo / Adela Ramírez

En el siglo XIX, el amor no se gritaba: se insinuaba. Cada gesto tenía una gramática precisa, cada mirada, una coreografía. La seducción victoriana fue un arte lleno de códigos, una danza entre el deber y el deseo. Si hoy bastan tres mensajes para concretar una cita, en aquella época podían pasar semanas antes de que un caballero osara pedir el primer baile.

El cortejo no era un acto privado: era una puesta en escena pública, vigilada y ritualizada. Las damas acudían a los bailes acompañadas de una “chaperona”, encargada de proteger su reputación y mantener la decencia de los intercambios. Bajo esa vigilancia nacía la tensión: los sentimientos se comunicaban en los márgenes del protocolo. Como señala el libro Etiquette of Courtship and Matrimony, “el verdadero amor es generalmente delicado y tímido, y puede asustarse fácilmente por una actitud demasiado audaz” (Victorian Voices, 2016).

La tarjeta de baile: el primer “match” social

Uno de los símbolos más curiosos de la conquista victoriana fue la tarjeta de baile (dance card), un pequeño cuaderno que las damas llevaban al salón. En él se anotaban los nombres de los caballeros que deseaban reservar una pieza.

Publicidad Feria

Aquella invitación a bailar no era un simple gesto de cortesía: era una señal pública de interés. La presencia o ausencia de un nombre podía alterar reputaciones y suscitar rumores. Según Mental Floss, “decir ‘Mi tarjeta de baile está llena’ era una forma educada de rechazar una invitación sin ofender”. En una sociedad donde el cuerpo y la palabra estaban vigilados, la danza era el único espacio legítimo para el roce, la conversación y la emoción.

En Estados Unidos y Europa, incluso se popularizaron las “escort cards” o tarjetas de presentación galante, con versos coquetos o frases de humor, que permitían iniciar un contacto con menos formalidad. Era el equivalente impreso de un mensaje directo: breve, audaz y cuidadosamente diseñado.

El lenguaje secreto del abanico

Si las palabras estaban prohibidas, los objetos hablaban. El abanico se convirtió en una extensión del cuerpo femenino: un código de gestos que, según manuales y guías de etiqueta de la época, permitía transmitir mensajes sin decir una sola palabra. Sotheby’s explica que “dibujar el abanico a través de la mejilla supuestamente significaba ‘te amo’, mientras que girarlo en la mano izquierda señalizaba ‘estamos observados’”.

Un artículo de Always Austen agrega que “llevar el abanico en la mano derecha frente al rostro significaba ‘Sí’, mientras que colocarlo sobre la oreja izquierda indicaba ‘Te deseo’”. Aunque algunos historiadores advierten que este lenguaje fue más un mito romántico promovido por fabricantes que una práctica universal, su fuerza simbólica fue real: representaba el deseo contenido, la inteligencia del disimulo y el poder del gesto.

El pañuelo también tenía su propio código. Dejarlo caer “accidentalmente” era una invitación al acercamiento: la oportunidad perfecta para que el caballero lo recogiera, iniciando así una conversación bajo el disfraz de la casualidad. Era el equivalente analógico de un “like” intencionado.

El peso del silencio

En una época donde la virtud femenina era medida por su reserva, la seducción se convirtió en un ejercicio de paciencia. Las cartas, las caminatas, los bailes eran pequeñas conquistas en un tablero donde las reglas importaban tanto como los sentimientos.

Y aunque hoy esas prácticas parecen lejanas —y muchas, sin duda, opresivas—, en ellas había algo que el presente ha perdido: la atención al detalle, el arte del tiempo, la belleza de la espera. Amar era también observar, interpretar, imaginar.

Jennifer Phegley, en Courtship and Marriage in Victorian England, explica que estas costumbres reflejaban cómo “el cortejo estaba regulado no solo por normas sociales, sino también por la expectativa de crear respeto y admiración mutua antes de cualquier declaración de amor”.

Del abanico al algoritmo

El siglo XXI cambió la escena: los algoritmos reemplazaron a las chaperonas, las notificaciones sustituyeron las miradas. La inmediatez digital acortó las distancias, pero también erosionó los rituales. En las aplicaciones de citas, el encanto está en la velocidad; el riesgo, en la saturación.
No hay espacio para el misterio del abanico ni para la torpeza del primer encuentro: todo se decide en segundos, con un pulgar.

Y, sin embargo, algo persiste. Aunque el contexto cambió, el deseo humano sigue buscando lo mismo que en la época victoriana: atención, respeto, emoción. Quizás no necesitamos volver al corsé de la etiqueta, pero sí al sentido del gesto, a la idea de que conquistar no es solo conseguir, sino cuidar el modo en que se busca.

La cortesía como lenguaje perdido

La caballerosidad victoriana, tan criticada como idealizada, no era solo un conjunto de normas sociales: era una manera de reconocer al otro. Hoy, un “gracias”, un “te acompaño” o una conversación sin prisa pueden parecer anacrónicos, pero son formas modernas de esa misma cortesía.

Entre el exceso de pantallas y la economía del tiempo, recordar aquellos códigos antiguos es también un ejercicio de resistencia. No se trata de regresar al pasado, sino de rescatar la elegancia de mirar con intención.

Epílogo: volver al arte del gesto

El siglo XIX hablaba con abanicos y pañuelos. El XXI, con emojis y audios de voz. En ambos hay deseo, búsqueda y lenguaje. Pero mientras los victorianos aprendieron a seducir en el silencio, nosotros aprendemos a hacerlo en medio del ruido.

Tal vez la conquista más difícil —y más urgente— de nuestra era sea recuperar lo que ellos ya sabían: que el amor, cuando es auténtico, no se mide por la velocidad del mensaje, sino por la calidad del gesto.

X: delyramrez

Publicidad Pelea

Más del autor

Adela Ramírez
DSS Adela Ramírez
Adela Ramírez Columnista · Pienso luego Existo · 1 de Sep. 2026
Abrir en una pestaña nueva
Opinión

El amor en tiempos de intimidad digital

Leer nota completa →
Adela Ramírez
DSS Adela Ramírez
Adela Ramírez Columnista · Opinión · 26 de Ago. 2026
Abrir en una pestaña nueva
Opinión

¿Quién tiene la llave del destino?

Leer nota completa →
Adela Ramírez
DSS Adela Ramírez
Adela Ramírez Columnista · Opinión · 16 de Ago. 2026
Abrir en una pestaña nueva
Opinión

El rebaño digital

Leer nota completa →
Mi diario Anterior DSS Inicio Siguiente
Nota anterior Nota siguiente