Por qué pasar dos horas atrapados en el periférico nos convierte en los filósofos más cínicos (y desesperados) del siglo XXI.
Correr en una banda frente a una pantalla mientras vemos el tráfico exterior es la máxima metáfora de la neurosis moderna.
Vivimos amontonados pero aislados, convirtiendo el espacio público en un cementerio de miradas esquivas y audífonos con cancelación de ruido.
Nos cobran rentas astronómicas por vivir en treinta metros cuadrados con el pretexto del "co-living", mientras el espacio se reduce y el absurdo se expande.
Corremos por el asfalto como si transportáramos órganos para trasplante, cuando en realidad solo vamos a una junta de Zoom que pudo ser un correo.
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