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Opinión

El mito de Sísifo en tenis de marca: ¿Por qué pagamos por sufrir en el gimnasio?

Correr en una banda frente a una pantalla mientras vemos el tráfico exterior es la máxima metáfora de la neurosis moderna.

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El mito de Sísifo en tenis de marca: ¿Por qué pagamos por sufrir en el gimnasio?

Si observamos la gran ciudad desde las alturas, una de las postales más bizarras es la de los gimnasios con fachadas de cristal iluminadas con luces neón. Dentro, decenas de personas pedalean furiosamente, corren sobre bandas eléctricas o cargan bloques de metal, todo mientras miran fijamente una pantalla que les simula un paisaje alpino o, peor aún, un canal de noticias. Pagamos membresías astronómicas para encerrarnos a simular el esfuerzo físico que nuestros antepasados hacían gratis —y obligados— en el campo, con la única diferencia de que ahora vestimos ropa de telas tecnológicas que repelen el sudor.

Esta escena es la encarnación perfecta del Mito de Sísifo, tal como lo analizó el filósofo existencialista Albert Camus. Sísifo fue condenado por los dioses a empujar una enorme roca hasta la cima de una montaña, solo para verla rodar hacia abajo y tener que empezar de nuevo, eternamente. Camus utilizaba este mito como metáfora de la vida moderna y el trabajo rutinario. El urbanita promedio en la caminadora es el Sísifo del siglo XXI: corre y corre con una intensidad envidiable, gasta energía, se agota, pero al bajarse de la máquina se da cuenta de que sigue exactamente en el mismo metro cuadrado de alfombra sintética donde empezó. El esfuerzo no tiene un fin productivo exterior; es un bucle infinito que se reinicia cada mes con el cargo automático a la tarjeta de crédito.

Huachicol

¿Por qué lo hacemos? El filósofo francés Michel Foucault nos daría la respuesta en sus estudios sobre la biopolítica y las sociedades disciplinarias. En la gran ciudad, el cuerpo ya no se ejercita para el trabajo rudo, sino que se moldea y se vigila para cumplir con los estándares de rendimiento, estética y salud que el propio sistema exige. El gimnasio es la fábrica moderna donde producimos "cuerpos dóciles" y eficientes. Nos autoconvencemos de que es "tiempo para nosotros", pero en el fondo estamos manteniendo la maquinaria humana aceitada para soportar otras ocho horas sentados frente a la computadora. La próxima vez que estés a mitad de una clase de spinning destructiva, respira y sonríe: como decía Camus, "hay que imaginar a Sísifo dichoso". Si vas a empujar la piedra (o a pedalear hacia la nada), que sea disfrutando el absurdo del viaje.

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