Connect with us

Opinión

La prisa es un invento del capitalismo (y tu café venti con leche de almendras también)

Corremos por el asfalto como si transportáramos órganos para trasplante, cuando en realidad solo vamos a una junta de Zoom que pudo ser un correo.

Published

on

La prisa es un invento del capitalismo (y tu café venti con leche de almendras también)

Caminar por la avenida principal de cualquier metrópoli a las ocho y media de la mañana es presenciar un desfile de atletas olímpicos involuntarios. Gente de traje corriendo con un termo en la mano, esquivando peatones con la precisión de un piloto de Fórmula 1, todo para llegar "a tiempo". Nos hemos tragado el cuento de que estar ridículamente ocupados es sinónimo de éxito, y que caminar despacio es un lujo reservado para los turistas o los desempleados.

Si el filósofo coreano-alemán Byung-Chul Han se parara en esa esquina, suspiraría profundamente. En su libro La sociedad del cansancio, Han explica que ya no estamos explotados por un jefe tirano al estilo del siglo XIX; ahora nos explotamos a nosotros mismos voluntariamente bajo el lema del "¡Tú puedes!". Nos autoexigimos ser productivos las veinticuatro horas del día, y la prisa urbana es la manifestación física de esa neurosis. Corremos no porque el tiempo no alcance, sino porque detenerse genera una culpa insoportable. Hemos convertido el trayecto al trabajo en una carrera de obstáculos donde el premio de consolación es un café de sirena que cuesta lo mismo que tres salarios mínimos de la antigua Grecia.

Aquí es donde nos vendría bien un poco de la ataraxia que predicaban los antiguos epicúreos: ese estado de serenidad e imperturbabilidad del alma donde los deseos innecesarios se mandan a volar. Epicuro decía que para ser feliz se necesita muy poco (amigos, libertad y una vida analizada), cosas que difícilmente se consiguen mientras corres a siete kilómetros por hora esquivando baches y motociclistas en la banqueta. La próxima vez que sientas el impulso de correr para alcanzar el semáforo peatonal, frena. Deja que cambie a rojo. Mira a tu alrededor a la masa ansiosa que se amontona en la esquina y recuerda que, al final del día, la prisa es solo una ilusión óptica del cemento. Si vas a llegar tarde, que sea con la elegancia de un filósofo que sabe que el universo lleva catorce mil millones de años girando sin necesidad de checar tarjeta.

Lo más leido