Reflexiones
A 11 años de Chalchihuapan y Ayotzinapa
Después del asesinato del niño José Luis Tlehuatlie Tamayo, cometido por policías del estado, comandadas por Facundo Rosas, obedeciendo órdenes del procurador Víctor Carrancá dictadas por el entonces gobernador Rafael Moreno Valle Rosas, llegó a Puebla Raúl Plascencia, presidente de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, siendo contundente su afirmación: “Nunca en la historia de esta institución se había enfrentado algo tan horrendo”. “Chalchihuapan y Ayotzinapa son los dos casos más graves nunca vistos”, diría.
Y no pasó nada.
La impunidad continúa.
Facundo Rosas, con un negro historial de solapar el huachicoleo en Puebla y por haber atropellado a una mujer en la Ciudad de México, dándole muerte, está libre como el viento y es un crítico feroz de la 4T en una columna que escribe en el portal e-Consulta de su desprestigiado socio, el difamador Rodolfo Ruiz Rodríguez.
Han transcurrido 11 años de aquella barbarie en la autopista que entronca con Chalchihuapan, dejando un muerto, 9 heridos con marcas eternas y una decena de inocentes encarcelados, entre ellos el presidente auxiliar Javier Montes.
El uso de balas de goma demostró que matan y dejan huellas irreparables.
El pecado de los campesinos de la junta auxiliar perteneciente a Santa Clara Ocoyucan, fue organizar una marcha para exigir la devolución del registro civil que les quitó Moreno Valle.
Víctor Carrancá se fue de Puebla como si nada.
Facundo Rosas, escribe cargando en las espaldas su orfandad moral.
Juan Pablo Piña Kurczyn, disfruta de la riqueza junto a su suegro Rafael Posada Cueto, cabeza del cuestionable Grupo Proyecta, recordando su ejemplo grotesco de comparar el cráneo de un cerdo con el un humano, sosteniendo que era imposible que una bala de goma causara la muerte de una persona.
Luis Maldonado Venegas se fue a la tumba con su frase ridícula: “Los campesinos lanzaron piedras de gran calado a los policías”.
Rafael Moreno Valle Rosas fue alcanzado por la tragedia en un helicóptero el 24 de diciembre de 2018.
Diría Miguel Barbosa: “Diosito lo castigó”.
POSDATA: Desde aquel día de la barbarie, hace 11 años, Chalchihuapan sigue viviendo entre la tragedia, víctima de la voracidad de los cárteles inmobiliarios y especuladores de la tierra, junto con Santa Clara Ocoyucan.
POSDATA 2: Ayotzinapa no se agota. Las familias lloran y reclaman a sus muertos.
POSDATA: ¿La justicia y el estado de derecho?
Bien, gracias.
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