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Religión

Papa Francisco: “Todos estamos en la misma barca, y nadie debe estar excluido”.

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Diariosinsecretos.com

El llamado del Papa Francisco, en ocasión de la 107 Jornada Mundial del Migrante y del refugiado, con el tema “Hacia un nosotros cada vez más grande”, señaló que “en realidad, todos estamos en la misma barca y estamos llamados a comprometernos para que no haya más muros que nos separen, que no haya más otros, sino sólo un nosotros, grande como toda la humanidad”.

Por eso para hacer un doble llamamiento a caminar juntos hacia un nosotros cada vez más grande, dirigiéndome ante todo a los fieles católicos y luego a todos los hombres y mujeres del mundo”.

Aquí, el mensaje íntegro de su Santidad:

“Hacia un nosotros cada vez más grande”

Queridos hermanos y hermanas:

En la Carta encíclica Fratelli tutti expresé una preocupación y un deseo que todavía ocupan un lugar importante en mi corazón: «Pasada la crisis sanitaria, la peor reacción sería la de caer aún más en una fiebre consumista y en nuevas formas de autopreservación egoísta. Ojalá que al final ya no estén “los otros”, sino sólo un “nosotros”» (n. 35).

Por eso pensé en dedicar el mensaje para la 107.a Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado a este tema: “Hacia un nosotros cada vez más grande”, queriendo así indicar un horizonte claro para nuestro camino común en este mundo.

La historia del “nosotros”

Este horizonte está presente en el mismo proyecto creador de Dios: «Dios creó al ser humano a su imagen, lo creó a imagen de Dios, los creó varón y mujer. Dios los bendijo diciendo: “Sean fecundos y multiplíquense”» (Gn 1,27-28). Dios nos creó varón y mujer, seres diferentes y complementarios para formar juntos un nosotros destinado a ser cada vez más grande, con el multiplicarse de las generaciones. Dios nos creó a su imagen, a imagen de su ser uno y trino, comunión en la diversidad.

Y cuando, a causa de su desobediencia, el ser humano se alejó de Dios, Él, en su misericordia, quiso ofrecer un camino de reconciliación, no a los individuos, sino a un pueblo, a un nosotros destinado a incluir a toda la familia humana, a todos los pueblos: «¡Esta es la morada de Dios entre los hombres! Él habitará entre ellos, ellos serán su pueblo y Dios mismo estará con ellos» (Ap 21,3).

La historia de la salvación ve, por tanto, un nosotros al inicio y un nosotros al final, y en el centro, el misterio de Cristo, muerto y resucitado para «que todos sean uno» (Jn 17,21). El tiempo presente, sin embargo, nos muestra que el nosotros querido por Dios está roto y fragmentado, herido y desfigurado. Y esto tiene lugar especialmente en los momentos de mayor crisis, como ahora por la pandemia.

Los nacionalismos cerrados y agresivos (cf. Fratelli tutti, 11) y el individualismo radical (cf. ibíd., 105) resquebrajan o dividen el nosotros, tanto en el mundo como dentro de la Iglesia. Y el precio más elevado lo pagan quienes más fácilmente pueden convertirse en los otros: los extranjeros, los migrantes, los marginados, que habitan las periferias existenciales.

En realidad, todos estamos en la misma barca y estamos llamados a comprometernos para que no haya más muros que nos separen, que no haya más otros, sino sólo un nosotros, grande como toda la humanidad. Por eso, aprovecho la ocasión de esta Jornada para hacer un doble llamamiento a caminar juntos hacia un nosotros cada vez más grande, dirigiéndome ante todo a los fieles católicos y luego a todos los hombres y mujeres del mundo.

Una Iglesia cada vez más católica

Para los miembros de la Iglesia católica este llamamiento se traduce en un compromiso por ser cada vez más fieles a su ser católicos, realizando lo que San Pablo recomendaba a la comunidad de Éfeso: «Uno solo es el Cuerpo y uno solo el Espíritu, así como también una sola es la esperanza a la que han sido llamados. Un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo» (Ef 4,4-5).

En efecto, la catolicidad de la Iglesia, su universalidad, es una realidad que pide ser acogida y vivida en cada época, según la voluntad y la gracia del Señor que nos prometió estar siempre con nosotros, hasta el final de los tiempos (cf. Mt 28,20). Su Espíritu nos hace capaces de abrazar a todos para crear comunión en la diversidad, armonizando las diferencias sin nunca imponer una uniformidad que despersonaliza.

En el encuentro con la diversidad de los extranjeros, de los migrantes, de los refugiados y en el diálogo intercultural que puede surgir, se nos da la oportunidad de crecer como Iglesia, de enriquecernos mutuamente. Por eso, todo bautizado, dondequiera que se encuentre, es miembro de pleno derecho de la comunidad eclesial local, miembro de la única Iglesia, residente en la única casa, componente de la única familia.

Los fieles católicos están llamados a comprometerse, cada uno a partir de la comunidad en la que vive, para que la Iglesia sea siempre más inclusiva, siguiendo la misión que Jesucristo encomendó a los Apóstoles: «Vayan y anuncien que está llegando el Reino de los cielos. Curen a los enfermos, resuciten a los muertos, limpien a los leprosos y expulsen a los demonios. Lo que han recibido gratis, entréguenlo también gratis» (Mt 10,7-8).

Hoy la Iglesia está llamada a salir a las calles de las periferias existenciales para curar a quien está herido y buscar a quien está perdido, sin prejuicios o miedos, sin proselitismo, pero dispuesta a ensanchar el espacio de su tienda para acoger a todos. Entre los habitantes de las periferias encontraremos a muchos migrantes y refugiados, desplazados y víctimas de la trata, a quienes el Señor quiere que se les manifieste su amor y que se les anuncie su salvación.

«Los flujos migratorios contemporáneos constituyen una nueva “frontera” misionera, una ocasión privilegiada para anunciar a Jesucristo y su Evangelio sin moverse del propio ambiente, de dar un testimonio concreto de la fe cristiana en la caridad y en el profundo respeto por otras expresiones religiosas. El encuentro con los migrantes y refugiados de otras confesiones y religiones es un terreno fértil para el desarrollo de un diálogo ecuménico e interreligioso sincero y enriquecedor» (Discurso a los Responsables Nacionales de la Pastoral de Migraciones, 22 de septiembre de 2017).

Un mundo cada vez más inclusivo

A todos los hombres y mujeres del mundo dirijo mi llamamiento a caminar juntos hacia un nosotros cada vez más grande, a recomponer la familia humana, para construir juntos nuestro futuro de justicia y de paz, asegurando que nadie quede excluido.

El futuro de nuestras sociedades es un futuro “lleno de color”, enriquecido por la diversidad y las relaciones interculturales. Por eso debemos aprender hoy a vivir juntos, en armonía y paz. Me es particularmente querida la imagen de los habitantes de Jerusalén que escuchan el anuncio de la salvación el día del “bautismo” de la Iglesia, en Pentecostés, inmediatamente después del descenso del Espíritu Santo: «Partos, medos y elamitas, los que vivimos en Mesopotamia, Judea, Capadocia, Ponto y Asia, Frigia y Panfilia, Egipto y la zona de Libia que limita con Cirene, los peregrinos de Roma, judíos y prosélitos, cretenses y árabes les oímos decir en nuestros propios idiomas las grandezas de Dios» (Hch 2,9-11).

Es el ideal de la nueva Jerusalén (cf. Is 60; Ap 21,3), donde todos los pueblos se encuentran unidos, en paz y concordia, celebrando la bondad de Dios y las maravillas de la creación. Pero para alcanzar este ideal, debemos esforzarnos todos para derribar los muros que nos separan y construir puentes que favorezcan la cultura del encuentro, conscientes de la íntima interconexión que existe entre nosotros. En esta perspectiva, las migraciones contemporáneas nos brindan la oportunidad de superar nuestros miedos para dejarnos enriquecer por la diversidad del don de cada uno. Entonces, si lo queremos, podemos transformar las fronteras en lugares privilegiados de encuentro, donde puede florecer el milagro de un nosotros cada vez más grande.

Pido a todos los hombres y mujeres del mundo que hagan un buen uso de los dones que el Señor nos ha confiado para conservar y hacer aún más bella su creación. «Un hombre de familia noble viajó a un país lejano para ser coronado rey y volver como tal. Entonces llamó a diez de sus servidores y les distribuyó diez monedas de gran valor, ordenándoles: “Hagan negocio con el dinero hasta que yo vuelva”» (Lc 19,12-13). ¡El Señor nos pedirá cuentas de nuestras acciones! Pero para que a nuestra casa común se le garantice el cuidado adecuado, tenemos que constituirnos en un nosotros cada vez más grande, cada vez más corresponsable, con la firme convicción de que el bien que hagamos al mundo lo hacemos a las generaciones presentes y futuras. Se trata de un compromiso personal y colectivo, que se hace cargo de todos los hermanos y hermanas que seguirán sufriendo mientras tratamos de lograr un desarrollo más sostenible, equilibrado e inclusivo. Un compromiso que no hace distinción entre autóctonos y extranjeros, entre residentes y huéspedes, porque se trata de un tesoro común, de cuyo cuidado, así como de cuyos beneficios, nadie debe quedar excluido.

El sueño comienza

El profeta Joel preanunció el futuro mesiánico como un tiempo de sueños y de visiones inspiradas por el Espíritu: «derramaré mi espíritu sobre todo ser humano; sus hijos e hijas profetizarán; sus ancianos tendrán sueños, y sus jóvenes, visiones» (3,1). Estamos llamados a soñar juntos. No debemos tener miedo de soñar y de hacerlo juntos como una sola humanidad, como compañeros del mismo viaje, como hijos e hijas de esta misma tierra que es nuestra casa común, todos hermanos y hermanas (cf. Fratelli tutti, 8).

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Religión

La fiesta de Jesús Divino Preso, el viernes 21, en el templo Inmaculado Corazón de María

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*Los trabajos serán presididos por Monseñor Tomás López Durán.

*Habrá misas, unción de enfermos y adultos mayores

Diario Sin Secretos / Angélica García Muñoz

Ciudad de Puebla.- La comunidad del Templo de la Inmaculada Concepción de María – en el Barrio de El Parral, Centro Histórico- conmemorará la Fiesta a Jesús Divino Preso, el Tercer Viernes de Cuaresma, para lo cual habrá procesión, misas y unción de los enfermos, eventos que estarán encabezados por el arzobispo auxiliar Tomás López Durán.

Destaca también la procesión del templo del Inmaculado Corazón de María a la Catedral.

El M.S.IR CANGO. Lic. José Luis Reyeros, exhorta a los habitantes del Centro Histórico, Turistas y vecinos del Barrio El Parral, participen en los eventos.

PROGRAMA DE ACTIVIDADES  21 DE MARZO DE 2025

 

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Religión

El Papa Francisco habla desde el hospital: «Agradezco de todo corazón las oraciones por mi salud»

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Papa Francisco, salud del Papa, neumonía, hospitalización, Vaticano, mensaje del Papa, Iglesia Católica

El Papa Francisco, quien se encuentra hospitalizado desde el 14 de febrero debido a una neumonía bilateral y problemas respiratorios, envió su primer mensaje de voz desde su ingreso, agradeciendo el apoyo y las oraciones de los fieles en todo el mundo.

Un mensaje de esperanza

📌 Primer mensaje de voz del Papa desde su hospitalización.
📌 Expresó su gratitud a los fieles por sus oraciones.
📌 Su estado de salud es estable y sigue bajo tratamiento.

El mensaje fue transmitido antes del rezo del Rosario en la Plaza de San Pedro del Vaticano, donde el pontífice dijo:
«Agradezco de todo corazón las oraciones que hacen por mi salud desde la Plaza, los acompaño desde acá. Que Dios los bendiga y que la Virgen los cuide. Gracias.»

Último parte médico

📌 El Papa Francisco no ha presentado nuevas crisis respiratorias ni fiebre.
📌 El Vaticano ha anunciado que no emitirá más reportes médicos hasta el sábado.
📌 Ha combinado descanso con oración y trabajo, y ha recibido la Eucaristía.

A pesar de que su voz sonaba débil en el mensaje, los médicos han confirmado que su condición sigue estable y que se mantiene bajo un tratamiento adecuado para su recuperación.

Esto es lo que sabemos:

📌 El Papa Francisco permanece hospitalizado desde el 14 de febrero.
📌 En su primer mensaje de voz agradeció las oraciones de los fieles.
📌 Su estado de salud es estable y el Vaticano no dará más informes hasta el sábado.
📌 Continúa su recuperación con oración, descanso y trabajo moderado.

Perspectivas extraoficiales y críticas

El mensaje del Papa ha sido recibido con esperanza por los fieles y líderes religiosos en todo el mundo. Sin embargo, algunos analistas consideran que su estado de salud podría generar incertidumbre sobre su futuro liderazgo en la Iglesia Católica.

Mientras tanto, el Vaticano mantiene bajo reserva su evolución, lo que ha despertado especulaciones sobre la posibilidad de que su convalecencia sea más prolongada de lo estimado.

Por ahora, el mundo católico sigue en oración, esperando la pronta recuperación del sumo pontífice.

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Religión

Inicia la Cuaresma: Tiempo de reflexión, oración, arrepentimiento, conversión y encuentro con Dios

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Diario Sin Secretos / J. Antonio Cuellar 

A partir de este miércoles 5, se inicia la Cuaresma, y en los templos y comunidades cristianas se impone la ceniza en la frente para recordar al católico que “eres polvo y en polvo te convertirás” (Gen 3, 19). Hace ver que la vida es corta. 

Jaime J. Balmes, decía: La vida es el abrir y cerrar de ojos- un instante en el tiempo.

La Iglesia Católica, enseña que las cenizas que se imponen en la frente, nos recuerda que somos pecadores, y en una actitud de humildad y arrepentimiento de nuestros pecados decidirse a ser mejores cristianos. Así, empezar un proceso de conversión -sanar interiormente – e ir en busca de Dios, siguiendo los pasos de Jesucristo que murió en la cruz por Amor a la humanidad.

La Cuaresma son 40 días de preparación para entrar a La Semana Santa, que celebra la Pasión, Crucifixión, Muerte y Resurrección de Cristo.

Las cenizas que imponen en la frente los sacerdotes, religiosas y laicos consagrados a los fieles católicos son hechas de las palmas bendecidas en el Domingo de Ramos, del año anterior, y se dice la frase: “Conviértete y cree en el Evangelio” (Marcos,15).

Este Miércoles de Ceniza, la Iglesia pide a los fieles hacer ayuno y abstinencia (al igual que el viernes Santo).

El ayuno consiste en hacer una sola comida fuerte al día; y la abstinencia, no se debe comer carne (roja).

El Ayuno, visto desde la vida espiritual, ayuda por un lado a formar la voluntad, la cual se entrena con la renuncia a cosas buenas, para poder rechazar las malas. Y por otro lado, permite al alma abrirse de una manera particular a la gracia y a la presencia de Dios.

Cuando la persona se priva de cualquier cosa que está en relación con los apetitos – comer, beber, ver, oír, sentir- está tiene preparada su voluntad para abrirse a escuchar la palabra de Dios.

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