Opinión

La comodidad tiene sabor a plástico: El repartidor como el nuevo mensajero del vacío existencial

Pedir tacos por una app para no caminar tres cuadras es la victoria definitiva de la pereza sobre la comunidad.

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La escena es un clásico del domingo por la tarde en cualquier zona residencial de la gran ciudad: una flotilla de motociclistas con mochilas cúbicas de colores brillantes cruza las avenidas como si transportaran el Santo Grial. Adentro va una hamburguesa tibia que llegará media hora tarde y con las papas fritas ya blandas. Nos hemos vuelto una sociedad tan obsesionada con la optimización del tiempo que la idea de picar una cebolla, prender la estufa y lavar un sartén nos parece una tarea digna de la Edad de Media. Es más fácil picar una pantalla y dejar que la cena aparezca en la puerta.

Si el filósofo existencialista Martin Heidegger viera este despliegue tecnológico, apagaría su pipa con desprecio. En su famosa crítica a la tecnología moderna, Heidegger acuñó el término Gestell (la "estructura" o "imposición"), explicando que la técnica moderna tiende a ver todo lo que existe en el mundo —incluyendo la naturaleza y a los seres humanos— como mero "recurso disponible" listo para ser usado y consumido de inmediato. Al pedir comida por una aplicación, la comida deja de ser un proceso creativo o un acto de convivencia; se convierte en un objeto abstracto que viaja en un algoritmo. Peor aún, el repartidor se invisibiliza, transformado en un simple engrane de la máquina que nos ahorra la fatiga de interactuar con el entorno.

Esta obsesión por eliminar cualquier tipo de fricción o esfuerzo nos está robando lo que el filósofo pragmatista John Dewey llamaba "la experiencia pura". Dewey argumentaba que el ser humano aprende y se conecta con el mundo a través de la acción directa y el disfrute del proceso. Cuando cocinas, tocas los ingredientes, hueles el cambio en el aire, fallas con la sal y aciertas con el picante; habitas el presente. En cambio, esperar el repartidor mirando el mapa digital en el teléfono mientras avanza la motito es una forma sutil de ansiedad empaquetada. La próxima vez que sientas la tentación de pedir el enésimo combo por la app, haz el experimento socrático de abrir el refrigerador. Quizá cocinar algo simple no te ahorre tiempo, pero al menos te devolverá el control de tu cena y te recordará que la vida, al igual que un buen guisado, sabe mejor cuando dejas que pase por el fuego.

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