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El ganado mexicano vuelve a pisar suelo estadounidense

24 de agosto de 2026.- Pero hoy, en Agua Prieta, Sonora, el rugido del ganado volvió a escucharse. Las primeras 750 cabezas de ganado mexicano comenzaron a cruzar la Estación Cuarentenaria rumbo a Douglas, Arizona, reabriendo una frontera que el gusano barrenador había clausurado con la furia de una plaga implacable.

El cierre, que comenzó en noviembre de 2024 con restricciones intermitentes y se volvió definitivo en mayo de 2025, dejó un saldo brutal: más de 2 millones 63 mil animales sin comercializar, un golpe de 34 mil 815 millones de pesos que aún resuena en los bolsillos de los ganaderos mexicanos. Pero la secretaria de Desarrollo Agrario y Rural, Columba López Domínguez, lo dijo con la voz entrecortada pero firme: "Ha sido un trabajo extenuante". Y no es para menos. Detrás de este reencuentro con el mercado estadounidense hay una batalla silenciosa librada en laboratorios, corrales y mesas de negociación.

La presidenta Claudia Sheinbaum puso el dedo en la llaga al recordar que la reapertura no habría sido posible sin la fábrica de moscas estériles, una planta financiada por Estados Unidos pero levantada en suelo mexicano. Esa pequeña fábrica de insectos, que parece un capricho de la ciencia, es en realidad el escudo biológico que mantiene a raya al gusano barrenador. Y ahora, con la reapertura, se reforzará la dispersión de esas moscas en Sonora y Chihuahua para blindar la frontera.

El gobernador de Sonora, Alfonso Durazo, lanzó una promesa que suena a proyecto de largo aliento: un centro integral de revisión en Hermosillo que duplicará la capacidad de exportación en Agua Prieta. No es solo un edificio. Es la apuesta por una ganadería mexicana que no vuelva a ser rehén de una plaga.

Sheinbaum, sin embargo, fue realista: el cierre no solo trajo pérdidas, también obligó a los ganaderos a volcarse al mercado interno, incrementando la producción de carne en México. Pero los permisos para la producción y exportación no han avanzado con la celeridad necesaria, y la confianza en que la reapertura se extienda a otros estados fronterizos es un anhelo que aún depende de la vigilancia sanitaria.

El USDA lo ha dejado claro: cada animal será inspeccionado, uno por uno, para descartar cualquier signo del barrenador. Es un esquema de identificación y trazabilidad que no admite fallos. Porque esta reapertura no es un regalo, es una oportunidad ganada a pulso. Y México no puede darse el lujo de perderla

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