El gobierno japonés ha propuesto limitar el número de días consecutivos que un empleado puede trabajar, reduciendo el actual máximo de 48 días a solo 14. Esta reforma responde a crecientes preocupaciones sobre el estrés laboral y los problemas de salud mental en un país conocido por su cultura de trabajo intensiva. Si se aprueba, marcará un importante cambio hacia una mayor balance entre vida personal y profesional.