18/11/17 | Puebla, México.

Religión (270)

Jorge Soley, bloguero en ReL, dio la voz de alerta con su post Por qué no voy a ver al nuevo Tarzán. En efecto, desde su estreno en Estados Unidos el 27 de junio, La leyenda de Tarzán está siendo señalada con todas las cautelas por la crítica cinematográfica cristiana.

La nueva versión del mito llega a España el viernes 22 de julio. Dirigida por David Yates, autor de las últimas cuatro películas de la serie de Harry Potter, es una película de acción trepidante, entretenida y bien filmada con abundantes dosis de efectos especiales (cuya artificiosidad también ha sido señalada, junto con sus buenas dosis de violencia que la hacen inapropiada para los niños), con una potente historia de amor conyugal entre Tarzán/John Clayton, interpretado por el sueco Alexander Skarsgard, y Jane (Margot Robbie), y con un "malo" en cuya caracterización se centran todas las advertencias.


Samuel L. Jackson (a la izquierda) interpreta a un soldado estadounidense que convence a Lord Greystoke (Tarzán) de que regrese con su esposa desde Londres al Congo para ver cómo está extendiéndose allí la esclavitud.

Christoph Waltz da vida al capitán Léon Rom (1859-1924), un personaje inspirado en la figura histórica del mismo nombre, a quien se considera responsable de terribles matanzas durante la administración belga del Congo, a finales del siglo XIX, y a quien Joseph Conrad retrató también en 1902 como el terrible Mr Kurtz en El corazón de las tinieblas.

¿Y cómo caracteriza a Rom La leyenda de Tarzán? Como un hombre que lleva permanentemente en las manos un rosario que utiliza como arma, incluso para estrangular, que le regaló cuando tenía 9 años un sacerdote de quien Jane insinúa que pudo abusar de él.


El "malo" de La leyenda de Tarzán, siempre con el rosario en las manos como instrumento para hacer daño a los demás.

La película tenía incluso una escena gay en la que Rom besaba apasionadamente a Tarzán, se supone que dando rienda suelta a una sexualidad trastornada por aquella traumática experiencia infantil. Esa escena ha sido suprimida en la versión comercial porque desagradaba a los espectadores en los pases de prueba, según explicó Yates.

¿Qué necesidad había de esa irreverencia hacia un objeto tan querido por los católicos, y de una mención agresiva a la supuesta pederastia de un sacerdote? Los casos de abuso sexual por parte de clérigos o religiosos están muy circunscritos en el tiempo (tres décadas en la segunda mitad del siglo XX) y en el espacio (países determinados), así que una alusión extemporánea como la de la película parece sugerir que es una característica esencial de la Iglesia.

La Iglesia, arrastrada por el barro de la esclavitud
"A los espectadores católicos les molestará la utilización, sorprendentemente inapropiada, de un rosario", advierte Catholic News Service, dependiente del episcopado norteamericano. Cuya recensión menciona el absurdo material del que está hecho, seda de araña de Madagascar, como si un rosario fuese una especie de arma letal con fabricantes que se deleitan en ensayar mortíferas y exóticas variantes.

Movie Guide, otra referencia en la crítica cinematográfica cristiana, lamenta estos "ataques políticamente correctos a los católicos y a los sacerdotes católicos" porque contrapesan elementos positivos que también ve en el film: "Tiene un fuerte mensaje pro familia. Los niños son vistos como una bendición, y el amor entre Tarzán y su esposa, Jane, queda como una de las grandes historias de amor de ficción. Además, durante un par de escenas en flashback, las citas tomadas del diario del padre de Tarzán contienen referencias positivas a Dios y a la oración", sendos "Dios, ayúdanos" y "Dios, ayúdale" (en referencia a su hijo) en el momento de mayor peligro.


Tarzán y Jane, marido y mujer en una buena historia de amor: es uno de los elementos positivos que los críticos describen en la película.

En PluggedIn se sugiere que les escenas del rosario y su brutal utilización por el brutal Rom son una referencia simbólica a la "opresión colonial de los occidentales cristianos sobre las tribus nativas". Y señala otras objeciones, como un previsible ambientalismo y animalismo que "anima al espectador a llorar cuando muere un animal y alegrarse cuando un hombre recibe su merecido", porque "los gorilas son presentados como más humanos que los humanos mismos". Y lo que es peor: "La Iglesia católica, en forma del rosario letal de Rom, queda asociada al colonialismo y arrastrada por el barro junto a él". 

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