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Lunes, 26 Mayo 2014 03:33

Philippe Ariño, autor de «Homosexualidad contracorriente» «Yo, homosexual y ex activista gay, vivo según las enseñanzas de la Iglesia. Y soy feliz»

Escrito por  Rel
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Philippe Ariño, autor de «Homosexualidad contracorriente» Philippe Ariño, autor de «Homosexualidad contracorriente» Foto especial
«La homosexualidad es la primera forma de homofobia».


Quien habla así es Philippe Ariño, homosexual español de 34 años, que actualmente enseña idiomas en París.

Blogger y participante del mundo del activismo LGBT, se empezó a hablar de él en 2011, cuando reveló que había cambiado de vida. En 2013 guio en primera línea la batalla contra la legalización del “matrimonio para todos” francés y es autor del libro -ahora en italiano- Omosessualità controcorrente, que en Francia ha vendido más de diez mil copias.

Fue él quien aconsejó a Frigide Barjot, ex portavoz de la Manif pour tous, que no hablara de heterosexualidad, porque «entonces se pierde no sólo la batalla, sino también la guerra».

Entrevistado por Tempi.it, Ariño explica que «para salvar al ser humano de sí mismo hay que ir al origen del problema. Es lo que intentamos hacer en la calle con los Veilleurs» [los "veladores", los que están "en vela"].

-Cuéntenos su historia. ¿Cómo creció?
-Tenía una pésima relación con mi padre y cuando era adolescente no conseguía tener amistades masculinas. Después entendí y admití que mis tendencias homosexuales eran el síntoma de una “herida”; sólo de esta manera mi sufrimiento empezó a disminuir.

»Ser homosexual es un sufrimiento, no es una elección o un pecado o algo inocuo: conozco a más de noventa personas con pulsiones homosexuales que han sido violadas. Ahora el mundo LGBT me odia por lo que digo, pero se lo repito también a ellos: la homosexualidad es una herida que no se alivia teniendo relaciones. Si no lo admites, nunca tendrás paz.

-¿Cuándo cambió su modo de entender la homosexualidad?
-En 2011 descubrí la belleza de la continencia. Había empezado a reconocer que algo no iba bien y volví a la iglesia. Durante una conferencia hablé de mi condición y me di cuenta de que me ayudaba. No sólo eso: explicando mi drama conseguí ayudar a muchas personas, incluidos hombres y mujeres casados.

-¿Ha sido difícil?
-He encontrado un camino, pero hay muchos. Otros también consiguen superar estas pulsiones; yo descubrí que reconociendo mi herida y ofreciéndola a Cristo y a la Iglesia mi condición dolorosa se convertía en una fiesta. Al no practicar la homosexualidad no estoy diciendo que “no” a mis pulsiones, sino “sí” a Dios: es un sacrificio para tener lo mejor, lo máximo, algo que antes no tenía. Nosotros pensamos que el Señor nos quiere sólo si estamos bien: es lo contrario, Él ayuda a quien lo necesita y si ofreces tus límites Él hace grandes cosas.

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